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Malvinas...otro cuento para grandes

  • Foto del escritor: Javier Gatti
    Javier Gatti
  • 2 abr
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 3 abr

A 44 años de la recuperación de Malvinas, siempre argentinas, un repaso del trasfondo de tanto disparate. Memoria, verdad y justicia, tres cosas que aún -en distintas dosis- siguen faltando.



En la Casa Gris santafesina, donde trabaja muchísima gente que parece no sobrarle al gobierno provincial, también hace sus cosas Javier. Hace las que puede, las que le dejan de cuando en cuando para que no joda y se sienta un poco menos inútil, un poco menos resistido que hace 44 años...retornando a un país que no soporta las derrotas o que más precisamente, veía en su cara la dimensión brutal del engaño, del grotesco cuento para grandes, de la delirante patriada en la que nos habíamos embarcado.


No debe haber herida más profunda que la mirada y la mueca de un niño que no tuvo tiempo de serlo, que la de un adolescente que descubrió los peores horrores demasiado temprano. Seguro que alguno de ustedes han visto esas caras, son espejos en donde nadie quiere reconocerse. No importa le edad que cada uno tenía el 14 de junio de 1982, cuánto sabía, cuánto le habían contado. Quiénes llenaron las plazas al grito de "Argentina", quiénes donaron dinero, joyas o chocolates, quiénes escribieron cartas para esa patética colecta nacional conducida por Pinky y Cacho Fontana. Pese a la innegable manipulación por parte de la dictadura con más mundiales en su haber, preferimos no mezclar disparos desde el punto penal con disparos cuyo punto era hacer pasar fusilamientos como enfrentamientos. Así que tampoco importa en este caso...si bien la negación, la disociación y la supresión son tres maneras de salvarse del espanto de la realidad, nunca diremos como Beatriz Sarlo que un puñado de adolescentes felices con el campeonato del 79, molestando a los familiares de desaparecidos que testimoniaban ante la Comisión Interamericana de DDHH, habla de cómo somos los argentinos. Tampoco calificaremos a los cientos de miles patrioter@s que emocionaban a Silvia Fernández Barrios como lo hace José Pablo Feinmann, como "obscenas multitudes".


Pero...cómo somos los argentinos? Derechos y humanos?, racistas y mesiánicos?, sensibles y solidarios? exitistas e hipócritas? compasivos y generosos? Decir que somos todo eso junto es salirse por la tangente demagógica, un recurso de sociología política más bien barato. Las plazas repletas vivando a Galtieri y al estado mayor del ejército, las 24 horas de cadena nacional para juntar lo que esos mismos militares se robaron -como se robaron la juventud y las ilusiones de miles de hijos de esta patria, de nuestros hijos- muestra una conjunción compleja e interesante.


Fuimos hipócritas en la negación, ingenuos en el chauvinismo, mesiánicos ante un desafío que no era más que una coartada, solidarios y generosos en el el aporte a la causa y exitistas -incluso racistas- ante la vuelta sin salud ni gloria de un puñado de veteranos con granos, con miedo, con hambre y frío, con necesidades materiales y afectivas. No contaba que habíamos ido a la guerra contra un ejército regular y profesional con fuerzas armadas acostumbradas a matar argentinos, a torturar compatriotas y tirarlos vivos y maniatados al Río de la Plata. También torturaron a los chicos en Malvinas, la cobardía o los defectos de formación (seamos amables) hacen más sencillo apremiar a la propia tropa que enfrentarse con el enemigo. Por eso Astiz era perfectamente capaz de descerrajar un tiro en la cara de Dagmar Hagelin o torturar monjas francesas pero se entregaba sin disparar un solo tiro en las Georgias del Sur.


Quién recordaba los números de la economía nacional bajo la dictadura según Galtieri? Quién sopesó el dato de que 48 horas antes del desembarco una manifestación multitudinaria de la CGT -convocada bajo la consigna "paz, pan y trabajo"- fuera reprimida violentamente y con más de 1.800 detenidos, 100 heridos y un muerto como saldo? Ni el desempleo ni la cartestía de vida tuvieron nada que ver con el anticipo de un desembarco que estaba previsto para mayo o junio de ese año. Lo importante no es la rosa, es la patria y como los militares de entonces, los argentinos poseíamos un defecto de formación, de escolarización sarmientina digamos: preferíamos un mito unificador a una verdad disgregante, odiar y putear a voz de cuello a un enemigo poderoso y exterior y no a uno que se mezclaba con nosotros, que sembraba el terror y la muerte (pero también el hambre y la desocupación) en nombre de la patria...la patria, esa maravilla que forjaron el campo, la iglesia y el ejército, justa y planificadamente cómplices en la aventura patriótica de extirpar el cáncer ateo y comunista que corroía las bases de nuestra argentinidad.


Sin el diario del jueves 2 de abril de 2026, sin los títulos siquiera, sin abrigo, sin un mango, sin oficio, sin destino, acompañados por los féretros de sus compañeros muertos en batalla y recibidos sólo por los familiares que tendrían que aprender a convivir con un veterano de guerra adolescente. Así llegaron al continente "el loco" Javier (el que hace mantenimiento de sí en Casa de Gobierno), Carlitos y Chiquito (los que hacen papeleo administrativo en el ANSES y todavía hacen la venia con los ojos llorosos cada 2 de abril), o Argentino (que recorre escuelas primarias y secundarias en Santo Tomé para contar lo que recuerda, aferrado a lo que lo mantiene cuerdo y con ganas de vivir).


Volvieron avergonzados de sus jefes, de la pronta derrota, de las cicatrices de un amasijo que fue un enorme fraude. Conscientes de que no se pudo, confundidos por un país que por poco no les pedía que devuelvan los chocolates y las bufandas. Malvinas es la única guerra que cuenta más muertos por suicidio después del conflicto, que por enfrentamientos en el campo de batalla.


Argentina es uno de los pocos países en donde para salvarnos a todos, para salvar el presente y afrontar el futuro, necesitamos gestas y héroes con culos de bronce, de papel pintado...Sarmiento nunca masacró aborígenes; Yrigoyen nunca ordenó la masacre de la Patagonia; Frondizi (ya que está tan de moda) nunca hizo un pacto con el peronismo para luego consentir el asesinato y la represión de peronistas; Perón nunca tuvo nada que ver con la Triple A; Alfonsín jamás pactó con Menem y por supuesto...el pueblo argentino nunca aplaudió a los militares genocidas ni le dio la espalda a los chicos de Malvinas.


Viva la Patria con memoria, la otra es una vieja estampita, sin aura, sin mística, sin nada.



Alberto Cortez / A Daniel...un chico de la guerra


 
 
 

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