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El capitalismo es una fábrica de deudores

Foto del escritor: Javier Gatti
Javier Gatti
hace 5 días
8 min de lectura

No hay salida técnica ni financiera, los deudores vitalicios son el resultado de la planificación central de capitalismo como gobierno integral de recursos y voluntades. Plata o vida? Tranqui, las dos.


Dos cosas son absolutamente necesarias, si de una nota periodística se trata: primero los elementos de coyuntura que la justifican y luego cierta elevación a lomo de dron, a lomo de un libro que asegura que “todos somos deudores, culpables y responsables frente al capital” que -sin importar si es un banco, una cueva o una Fintech- es el Gran Acreedor, así, con mayúsculas. Los datos son del Mirador de la Actualidad, el Trabajo y la Economía (MATE) y el libro es La fábrica del hombre endeudado, de Mauricio Lazzarato.

Asumiendo con pesar que vivimos en la era de la inconsistencia, en la cual no hay nada duro o blando, sólido o líquido, en donde un dato (real o imaginario) es igual a una idea (razonable o absurda), es difícil elegir por dónde empezar. Pero vamos con los números esenciales para plantar el problema.


En Argentina, según datos actualizados del Mirador de la Actualidad, el Trabajo y la Economía (MATE), la mitad de las personas adultas (unas 20,9 millones de personas) poseen alguna deuda activa con bancos o proveedores no financieros, legales (billeteras virtuales o fintechs) o ilegales (narco prestamistas o simples gestores de dinero negro). Estos dos últimos delictuales, siempre vulnerando límites legales, éticos y morales. De esos 20 millones, casi un tercio (5.9 millones) se encuentran en situación de mora, con pagos atrasados y clasificados en diversas categorías de incobrabilidad. El 11% está en mora por montos menores a un SMPNVCI (Salario Mínimo, Para Nada Vital y Casi Inmóvil), es decir que no pueden afrontar deudas de menos de $400 mil, un indicador claro de la clase social -no diremos decil- con mayores niveles de mora y con necesidades básicas insatisfechas por la mala combinación de carestía de vida y bajos ingresos.        


Pero los niveles de incumplimiento más elevados (37,6%) también tienen un corte etario; se registran entre los y las argentinas de menos de 25 años, muchos de los cuales acceden al mercado de crédito antes de conseguir su primer trabajo, o con su primer trabajo precario, salarialmente bajo, contractualmente breve, insuficiente para afrontar tarifas con incrementos acumulados desde noviembre de 2023 del 700%, alquileres por encima del 500% y tasas de amortización del dinero desmesuradamente altos, contra una inflación del 334% al mes de agosto de este año.


Siempre siguiendo cifras de MATE, los trabajadores registrados privados perdieron más de $3 millones desde que asumió Milei y los estatales $15,4 millones, lo que supone que trabajaron gratis un trimestre y un año y medio respectivamente. Los jubilados perdieron $7,6 millones siempre en promedio, un senicidio planificado para el superávit fiscal como dogma de fe. No hay modo de afrontar esto si no es quemando ahorros o tomando deuda.

Nota: Porqué las patronales empresarias (casi todas) y el FMI se refieren al ciclo libertario como “una oportunidad que no se puede desaprovechar” y apuestan a la crueldad con salud mental de Patricia Bullrich? Porque nadie antes les había ofrecido tirar por la borda discapacitados, jubilados, obreros industriales, estatales y hasta sectores productivos completos, con tal de asegurarles cobrarse la que prestaron y especularon.


Pero retomando, qué interesante punto de cruce! Capitalismo y teología (asociación que Milei berretiza para el sionismo que lo premia), capitalismo y deuda, teología de la culpa originaria y renovable. Todos capitalistas, todos feligreses (incluso ateos y agnósticos), todos culpables y todos deudores. Saldarle al banco o la billetera te rescata pero no te salva, el paraíso es otra cosa. De eso va la segunda parte de la nota.


 

La fábrica que nunca cierra: “la fábrica del hombre endeudado”


En un texto póstumo Capitalismo como religión (1921), Walter Benjamin asocia con agudeza deuda y culpa, tal que en ese texto y gracias a esas gracias del alemán, deuda y culpa se nominan con el mismo término: “schuld”. ¡Atención a la ambigüedad demoníaca de esta palabra/concepto!, como diría Marx. Pues son dos modalidades para sujetar sujetos y drenarlos regular y sostenidamente, a través de la deuda culposa que surge del pecado original y las acciones pecaminosas que son reguladas y enjuagadas en los rituales de confesión y expiación, y las que se adquieren individual y colectivamente (deuda pública) y estructuran la trama más consolidada del capitalismo global; un tutelaje de almas y consumos cuya finalidad no es que nadie salde jamás lo que debe, sino que “lo refinancie permanentemente” para condicionar su soberanía ideológica y económica. Los pecados son capitales, las deudas capital más intereses, regulares y punitorios.


Nota: el día de la primavera, en el Foro Económico de Qatar, el FMI estimó que la deuda pública soberana mundial superará el 100% del PBI global para 2029. Actualmente está en el 95% (y los EEUU ya alcanzó el 122% de su PBI. Pero la deuda total (gobiernos, empresas y hogares) ya representa el 308% de todo lo producido por todas las economías del planeta (USD 365 billones). Este es el capitalismo de Dios -según Milei y la Torá- mostrando resultados. Con un detalle, tanto la Torá (que prescribe la ayuda al necesitado) como el Talmud (que valida las herramientas del libre mercado), tienen una sensibilidad superior a la del presidente más sionista del mundo.


No debería haber quejas entonces. Para los creyentes las iglesias, para agnósticos y ateos los bancos, las fintechs y los prestamistas ilegales de ultimísima instancia o los buitres que compran carteras incobrables para poner a prueba la cordura de los deudores. Y esto es mucho más que lo que clasifica Mauricio Lazzarato en “La fábrica del hombre endeudado”; porque estamos de acuerdo en que la relación entre acreedor y deudor está en el centro del sistema y refuerza los mecanismos de explotación de manera transversal, pero no sólo no distingue entre trabajadores y desempleados, productores y consumidores, activos y pasivos, sino que tampoco entre cientistas y terraplanistas, pacientes y psicoanalistas, peronistas y antiperonistas, capitalistas y anticapitalistas (aunque hay una patrulla a salvo en Traslasierra que sólo le debe a la Pachamama).


“Todos son deudores culpables y responsables frente al capital, que aparece como el gran acreedor, el acreedor universal” asegura Lazzarato, que un párrafo más tarde declara que “las ilusiones política y económicas de estos últimos cuarenta años, caen una tras otra haciendo más brutales las políticas neoliberales. La New Economy, la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento, se diluyen en la economía de la deuda”.

Hace algunos días, Milei produjo el pastiche teórico-teológico (sin desdeñar el plagio) más desafiante desde la aparición de los Tenaim, en el Siglo I de nuestra era. Dijo que “el capitalismo es un sistema que Dios preparó a través de una Ley para que después de la caída, el trabajo continuara (…) el capitalismo es un sistema basado en el amor al bien, en el derecho a la propiedad” y finalmente que “los diez mandamientos son el orden moral que el creador estableció” para ordenar el Estado y el Mercado. De hecho el cuarto mandamiento, el que manda honrar padre y madre, podría ser forzado al estilo presidencial para incluir algo que ningún político argentino en ejercicio del poder se animó a desairar: “honraras tus deudas, sin importar quiénes ni el modo en el que fueran tomadas”.


 

El bien de chamuyación y el bien de salvación


Benjamin, judío e hijo de un próspero banquero parisino, señalaba al capitalismo como un culto culpabilizador, sin finalidades expiatorias y cuya práctica sostenida no busca la reforma positiva de la vida sino su destrucción. Es ahí adonde surge Silvia Lilian Ferro para decirnos que las religiones proveen a los seres humanos algo que ninguna práctica política -ni capitalista ni anticapitalista- es capaz de ofrecer: el bien de salvación que opera al final de toda una vida en la que la gestión de culpas y deudas parecía no tener sentido.


Nota: Walter Benjamin murió el 26 de setiembre de 1940, tras saldar deudas de su estancia en un hotel catalán e ingerir una dosis letal de morfina. Muerto y desendeudado, judío y marxista también, decía que las deudas no son un contrato entre privados, sino una penitencia.

 

La complementariedad es perfecta, casi toda la mecánica universal cabe en estos movimientos sincronizados: nacimiento bajo culpa y bautismo, el primer préstamo juvenil como ritual de iniciación y ciudadanía, más sacramentos disciplinares y control adulto de los pensamientos, acciones e ingresos públicos y privados, más consumo y más deuda, óbito con purga celestial y pasaje de pasivos y activos a los derecho habientes.

Adónde está la libertad? A la salida del confesionario? Al gatillar la última cuota de la heladera? Al momento en que el espíritu, el ánima o simplemente un colibrí revolotea en el jardín en donde jóvenes dedudores lo identifican como “es papá que nos cuida”?


La libertad bien puede ser la sensación de que, pueden atraparme en el veraz, pero mi mente aprende de la experiencia vivida y me posibilita fracasar cada vez mejor. La libertad no es la de Smith, Fridman, Rothbard y muchísmo menos la de Milei, sino la que señala Lennon, es eso que pasa mientras hacemos nuevos planes para viajar en cuotas y el nuevo mesías se tarda.


Lazzarato también cita a Benjamin al mirar el panorama desolador que ofrecen los cientos de capitalismos realmente existentes, recuerda la importancia que Walter le daba al odio de clase como “nervio principal de la acción política” de los sectores subalternos. De hecho sólo Luis D´Elía -solo de toda soledad y atrincherado en una radio de alcance irrisorio- es el único que dice “odiar a la puta oligarquía”. Sin ese ingrediente parece no haber ni sujeto político ni mucho menos revolucionario, es la analogía fallida de Alejandro Horowicz: Milei puede ser un helado a la parrilla, pero no hay fuego debajo, condición esencial para que el derretimiento no dependa del clima y otras variables incontrolables. Las formulaciones políticas capitalistas, del pacto social con algún reparto, según Lazzarato pulverizaron el odio como motor de la política presente y la sed para disputar el futuro.


Si odio, pero debo, si debo y pierdo la cordura por la imposibilidad de saldar y el asedio de los cobradores, si encima me culpo por fracasar económica y financieramente en un sistema que nunca se hace cargo de nada y hasta se me ocurre preguntar heréticamente “adónde esta Dios en todo esto”…no hay revelación ni rebelión posible contra el presente. Mucho menos un plan para el futuro. Pero el odio no da bien en las encuestas, tiene mala prensa, inducida por los que odian pero juran amor al prójimo, al prójimo endeudado que renueva su fe en el teo-capitalismo.


La consultora MATE asociada con Ciudad Futura, ha elaborado un Manual de Autodefensa Financiera para el hombre y la mujer que están solos y en deuda. Son prácticos, no se meten con los cruces de esta nota y en el apartado “Qué necesitas resolver”, aconsejan lo importante: NO es tu culpa, No están solos, NO desesperen ni se avergüencen y sobre todo que un incumplimiento comercial no puede decretar tu muerte civil ni mandarte a prisión. En el apartado de mitos y creencias populares sobre el “estar endeudado” hay ocho aclaraciones imperdibles. Sumamos una: Galperín es un yuyo, Brito es un arbusto (y tal vez precandidato), Larry Fink es un árbol, pero el sistema es el bosque.


Pero lo más potente, en línea con esta nota es la intención de “contribuir a una de las tareas militantes más importantes del momento: crear mecanismos de educación financiera popular para aprender a defendernos, activar la participación de la sociedad para POLITIZAR LA DEUDA y ORGANIZAR EL MALESTAR INDIVIDUAL y construir una salida colectiva”.


Ya sabemos lo que piensa Benjamin de las formas estilizadas del odio, como el malestar, también lo que proponía Marx (en la Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel): “hay que hacer la opresión real más opresiva, agregándole la conciencia de la opresión”. Pero si esa opresión resulta intolerable para la dignidad de los deudores y quebrantados por este modelo, si aparece y se contagia la indignación y la desobediencia necesarias…si el reformismo republicano hace su magia y estetiza el odio diluyéndolo en cartas públicas y acciones de amparo; puede sólo que estemos suscribiendo el pacto democrático de 1983, no el del Nunca Más sino el verdadero: nosotros guardamos la picana y ustedes mandan al museo esos conatos revolucionarios, nosotros negociamos capital e intereses y ustedes se dejan de jorobar con discriminar deuda legítima e ilegítima. Nadie pierde, todos pagan (les pagamos a ellos) y se preparan para votar el próximo capítulo.


 
 
 

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